14/01/2009
El experto achacó las causas de la enfermedad a factores como la herencia, el sexo, la edad, la raza y el sobrepeso.| La conferencia tuvo lugar, el pasado mes de octubre, en las instalaciones de COFAS, dentro del ciclo de conferencias que organiza cada mes para sus socios
La hipertensión arterial es el aumento de la presión arterial de forma crónica. Es una enfermedad que no da síntomas durante mucho tiempo y, si no se trata, puede desencadenar complicaciones severas como un infarto de miocardio, una hemorragia o trombosis cerebral, lo que se puede evitar si se controla adecuadamente. Así de claro lo dejó el pasado mes de octubre el experto Fernando Juan M. Pueyo, responsable de Diagnósticos, en las instalaciones de COFAS, en una charla enmarcada dentro del ciclo de conferencias que mensualmente organiza la Cooperativa para sus socios.
El experto aprovechó la ocasión para profundizar en los riesgos, las consecuencias y la forma de detección de la enfermedad. Según explicó M. Pueyo, las primeras consecuencias de la hipertensión las sufren las arterias, que se endurecen a medida que soportan la presión arterial alta de forma continua, se hacen más gruesas y puede verse dificultado al paso de sangre a su través. Esto se conoce con el nombre de arteriosclerosis. De momento, se desconoce el mecanismo que produce la hipertensión arterial más frecuente, denominada “hipertensión esencial”, “primaria” o “idiopática”. En la hipertensión esencial, tal y como apuntó el experto, no se han descrito todavía las causas específicas, aunque se ha relacionado con una serie de factores que suelen estar presentes en la mayoría de las personas que la sufren, como son:
La única manera de detectar la hipertensión en sus inicios, según Fernando Juan M. Pueyo, es a través de revisiones periódicas y la medición continuada de la tensión del individuo. Mucha gente tiene la presión arterial elevada durante años sin saberlo. El diagnóstico se puede realizar a través de los antecedentes familiares y personales, una exploración física y otras pruebas complementarias.
La hipertensión –continuó el experto- no puede curarse en la mayoría de los casos, pero puede controlarse. En general debe seguirse un tratamiento regular de por vida para bajar la presión y mantenerla estable. Es imprescindible desarrollar unos hábitos de vida saludables, entre los se encuentra una dieta equilibrada y la práctica de deportes. El principal riesgo de la Hipertensión es que esta derive en infarto de miocardio. Un hipertenso no tratado tiene, como media, 10 veces más riesgo de morir de infarto que un individuo con tensión normal.
Asimismo, la hipertensión puede producir trombos o rupturas arteriales, pudiendo dar lugar a hemorragias, daño en las células nerviosas, pérdida de memoria o parálisis. El riñón también sufre las consecuencias de la hipertensión arterial y entre los pacientes hipertensos se produce insuficiencia renal con más frecuencia que entre los no padecen esta enfermedad. Los pequeños vasos del fondo del ojo, también se ven amenazados por la hipertensión, que favorece su rotura y las hemorragias, que puedan llevar incluso a la pérdida de la visión.
Fuente: La Rebotica. Octubre 2008. Nº 239
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